Las almohadillas son la única parte del cuerpo de tu perro que toca el suelo en cada paseo, y aun así son de las zonas que menos se revisan en casa. El asfalto ardiendo de julio y la sal de deshielo de enero pueden dañarlas por igual, y muchas veces el dueño no se da cuenta hasta que el perro empieza a cojear.
Por qué las almohadillas sufren tanto en la ciudad
Las almohadillas están hechas de una piel gruesa y resistente, pero no son invulnerables. En un entorno urbano se enfrentan a superficies mucho más agresivas que la tierra o la hierba: asfalto, bordillos, rejillas metálicas, cristales rotos o restos de obra. Cada paseo suma pequeños desgastes que, sin cuidado, terminan en grietas, cortes o quemaduras. A esto se suma que muchos perros de ciudad caminan a diario sobre las mismas superficies duras, sin apenas contacto con tierra o hierba que permita un descanso natural de la piel.

Verano: asfalto, arena caliente y quemaduras
El asfalto puede alcanzar temperaturas muy superiores a la del aire, y basta con unos minutos de contacto para provocar una quemadura. Lo mismo ocurre con la arena de la playa a mediodía. La prueba más fiable es simple: apoya el dorso de tu mano en el suelo durante cinco segundos; si te resulta insoportable, para tu perro también lo es.
Pasear a primera hora de la mañana o al anochecer, y elegir zonas con sombra o hierba siempre que puedas, reduce mucho el riesgo. Si el paseo obliga a cruzar un tramo de asfalto sin alternativa, acortar el paso y evitar detenerse en esa zona concreta limita el tiempo de exposición y el daño acumulado. Las zonas de césped urbano o los parques con tierra suelta, aunque supongan un pequeño desvío en la ruta habitual, casi siempre compensan el esfuerzo extra en los meses más calurosos.
Invierno: frío, sal y productos de deshielo
El frío extremo agrieta la piel de las almohadillas, y la sal y otros productos que se usan para derretir el hielo son irritantes y, si el perro se lame las patas, también tóxicos en cantidades importantes. Después de paseos por zonas tratadas con sal, conviene lavar las patas con agua templada y secarlas bien, prestando atención a los espacios entre los dedos. El hielo compactado entre los dedos, además, puede causar pequeñas heridas por fricción que pasan desapercibidas hasta que el perro empieza a cojear.

Rutina de revisión y cuidado, paso a paso
- Revisa las almohadillas al volver de cada paseo largo, separando bien los dedos.
- Retira piedrecitas, restos de chicle o cristales que puedan haberse quedado pegados.
- Lava con agua templada si ha pisado sal, productos químicos o arena muy caliente.
- Seca bien entre los dedos para evitar hongos y rozaduras.
- Aplica un bálsamo hidratante específico para perros si notas la piel seca o agrietada.
Convertir estos pasos en costumbre lleva apenas un par de minutos por paseo, y con el tiempo se vuelve tan automático como revisar las orejas o el pelo antes de entrar en casa.
Señales de que algo va mal
- Cojera intermitente o que aparece después del paseo.
- Lametones insistentes en una pata concreta.
- Grietas visibles, sangrado o costras.
- Enrojecimiento o hinchazón entre los dedos.
Ante cualquiera de estas señales, lo más sencillo es revisar la almohadilla completa a la luz del día, separando bien los dedos, antes de decidir si basta con curarla en casa o conviene pasar por el veterinario.
Las patas de un perro cuentan la historia de cada paseo; basta con agacharse un momento a escucharla.
Accesorios y hábitos que ayudan a proteger sus patas
Un buen arnés te da más control en el momento de cruzar zonas con cristales, obras o hielo, porque puedes guiar al perro sin tirar del cuello. Para los paseos de invierno, combinar el arnés con una correa corta en tramos complicados evita que el perro pise donde no debe. Revisa también nuestra sección de accesorios de paseo si buscas equipo pensado para caminar con seguridad todo el año.
Más allá del equipo de paseo, la constancia es la clave real: incorporar la revisión de patas como parte de la rutina de vuelta a casa, igual que se revisa el pelo o las orejas, evita que un problema pequeño pase inadvertido varios días seguidos.

Preguntas frecuentes
¿Con qué frecuencia debo revisar las almohadillas de mi perro?
Lo ideal es echar un vistazo rápido después de cada paseo largo, y hacer una revisión más detallada cada semana, sobre todo en verano e invierno.
¿Puedo usar crema hidratante normal en las almohadillas?
Mejor usar productos formulados específicamente para perros, porque las cremas humanas pueden contener ingredientes que resulten irritantes si el perro se las lame.
¿Es normal que las almohadillas se agrieten en invierno?
Es bastante común con el frío y la sequedad ambiental, pero se puede prevenir lavando y secando bien las patas tras el paseo y aplicando un bálsamo hidratante.







